Si os digo. ¿Qué es bailar? ¿Qué me contestáis?

Si os digo… ¿Qué es bailar? ¿Qué me contestáis?

¿Música, pies descalzos, creatividad, sentir y disfrutar o cuentas, tutu, técnica, aprendizaje y exigencia?

Esta pregunta tan sencilla a primera vista es la búsqueda de una vida entera para el profesor de danza y la dualidad implícita de la respuesta, su eterno dilema. O al menos el mío.

Dar clases a niños es una extraordinaria responsabilidad. Es tener el gran poder de hacerles descubrir la danza. Sin querer siempre verán la danza un poco a través de nuestros ojos y encaminamos sin apenas notarlo estas pequeñas mentes, estos pequeños cuerpos. Así que… ¡cuidado! Esto merece reflexión. Como docentes, creo que hay que procurar darles un abanico amplio de lo que puede significar: ¡bailar!

Yo intento transmitirles la danza tal como me enamora. No les engaño. La danza tiene su disciplina. No les “machaco”. Lo más importante es la pasión, no el “cuanto antes mejor”… Creo que la clave de cualquier logro está en la pasión. No podemos empezar la casa por el tejado, ni la danza por su dureza. Este sentimiento tan fuerte de pasión por algo te da alas. Si te apasiona una cosa con mucha intensidad, ya harás lo que sea para aprender, mejorar, superarte… Creo con convicción que la exigencia y la disciplina se adquieren; no se imponen. Y funcionan mucho mejor cuando llevan un « auto- » delante…

Me apoyo en dos ejes principales a nivel de pedagogía. La filosofía Montessori es uno de ellos. Además de muchas otras cosas, admiro la autonomía que se les permite a los alumnos y me identifico mucho con el papel del maestro que guía y no impone. Me esfuerzo entonces de buscar la forma lo más eficáz posible de adaptarla al aprendizaje de la danza. Los fundamentos de la danza son el otro gran pilar en el que me apoyo. Es un documento muy útil escrito por el Centro Nacional de la Danza (de Francia) que detalla las aptitudes que tienen que adquirir los bailarines según su nivel. Es una buena herramienta.

Más allá de la técnica, me interesa particularmente utilizar el movimiento natural y orgánico como punto de partida para llegar al movimiento bailado.

Me gusta usar la improvisación para entender los conceptos más técnicos y aprender a conocer su propio cuerpo.

Creatividad e imaginación son unas palabras claves de mi trabajo.

Me gusta la idea de intentar no separar la persona del alumno. Un bailarín es un artista y un artista no deja de ser una persona.

Busco la pasión en el cuerpo.

Busco la chispa en la mirada.

Acabare diciendo que de forma bastante natural enseñamos también valores humanos: compartir, escuchar, respetar tu propio cuerpo, espacio y también el de los demás.

Y creo que los niños que tienen la suerte de bailar se lleván una ventaja en la mochila de la Vida…

Así que como diría Pina Bausch : “Bailad, bailad. Si no estamos perdidos”.

Justine Marouze 

Profesora de danza contemporanea en Bunkay (Ripollet), 

Varium  (Barcelona), Contemporania (Sabadell),

Martinet (Ripollet).